Protected: Marcada por un demonio – Capitulo 17

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Sakura Blossom in their hearts -Video

A Candy Candy Video Fan…… Feliz fin de semana

Sakura Blossom in their hearts -Drabble III

Disclaimer: Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pertenecen a la novelista Kyoko Mizuki y/o Toe Animación…Esta historia y sus personajes son diferentes de la versión original del anime o la versión de la manga. Algunas de sus personalidades y características fueron tomadas pero con la variación de mi imaginación.

Sakura Blossom in their hearts

– Candy, es él… ¿verdad?… tu esposo?… — Preguntó emocionada la dama que acompañaba a Albert.

Candy podía escuchar su corazón latiendo fuertemente contra su pecho, cortando cualquiera palabra que pudiera pronunciar. La pregunta apenas se registraba en su mente cuando el pánico la invadió; generando un intenso calor en su cuerpo y haciendo camino hasta cubrir cada una de sus mejillas. Los segundos pasaban y ninguno daba señal de romper prontamente con el silencio. Albert no sabía que decir, y aparentemente ella tampoco: petrificada en su sitio.

Había sido interesante su llegada, recibido con clara descortesía. La manera en que fue observado por los habitantes que transitaban las estrechas calles pasaba a la sospecha. Albert no podía adivinar qué iba a provocar tal reacción en la gente del pueblo, aunque no era algo nuevo. En sus múltiples viajes como vagabundo había experimentado algo similar. Sin embargo, siempre imagino que la causa mayor era su larga barba.

Frunció el ceño.

Tal vez, esta vez… era simplemente que ellos no eran parciales a recibir visitantes. La desconfianza era notoria. El anciano a quien se dirigió primero preguntando por direcciones succionó su pipa profundamente; mirándolo fijamente con curiosidad por un largo momento, antes de que finalmente le indicara la dirección correcta, regresando a leer un periódico que era obviamente viejo.

Al llegar a la pequeña clínica, fue recibido por una dama de cabellos grises y aspecto obviamente alegre. Por primera vez el tono cálido de su sonrisa lo hicieron sentir bienvenido; finalmente alguien le sonría. No obstante, apenas pronuncio su nombre, preguntado por Candy… ella cambio su postura detallándolo con ojos crípticos; sacando minutos después de una gaveta un periódico que era aun más viejo. Apuntando con su dedo la foto donde obviamente aparecían Candy y él. Albert recordaba claramente ese evento; esa noche Candy se mantuvo a su lado: enojando a su tía, y alejando a las múltiples señoritas.

La conversación que provino después, fue una que lo sorprendió.

El fuerte ruido producido por su acompañante lo trajo de vuelta, sus ojos en su pequeña. Recorriendo con su mirada su rostro, su cuello, hasta llegar a su mano izquierda: donde portaba el anillo que le había regalado en su cumpleaños. Albert levanto una ceja, pensando: el anillo en sí… había sido una joya muy querida por su hermana Rosemary, él podía entender lo fácil que sería confundir tal joya por un anillo de matrimonio.

Ahora, la pregunta que cruzaba por su mente era: ¿Porque la dama que lo acompañaba pensaba que él era el esposo de Candy? …

Maddy, al ver que ninguno respondía; había tosido fuertemente, en un gesto poco natural, sacando al par de rubios del trance en el que se encontraban. Para ella, era evidente lo mucho que esos dos se extrañaban. Suspiró.

Lentamente, Candy desvió su mirada; evitando incómodamente unos azul cielo. En esos momentos ella deseaba fervientemente que la tierra se abriera y la tragara entera. ¿Por qué?… ¿Por qué le pasaban esas cosas a ella?… Ahora tendría que dar explicaciones de una situación que se genero fuera de su control.

Se atrevió a mirarlo nuevamente, sabiendo que esperaban por su respuesta. La manera en que Albert la observaba incrementaba su estado de culpabilidad, reduciéndola en tamaño. Respiró hondo, tomando acopio de su postura; sintiendo como si estuviera en el borde de un acantilado: esperando a que el viento la empujara.

– Así es Maddy, él es mi esposo. — Confirmó. Suplicando con sus ojos al mismo tiempo en silencio.

Albert entendió, las explicaciones tendrían que esperar. Era obvio que existía una razón poderosa para que ella afirmara algo de ese tamaño.

– Oh Candy, me alegro por ti querida. — Maddy sonrió casi maternalmente antes de continuar. -Me gustaría quedarme un poco más, pero lamentablemente tengo que regresar. Fue una suerte que tu esposo me encontrara en la clínica. Ya sabes, no me podía retirar sin terminar de ordenar las hierbas que Elliot nos trajo.

Candy asentó, ella entendía. Sabía lo difícil que era para ellos mantener la pequeña clínica, especialmente porque no contaban con ciertos medicamentos. Mary Jane se lo había mencionado.

– Muchas gracias por todo. — Intervino Albert, sonriéndole y agradeciendo por haberlo guiado hacia donde Candy se encontraba. (Tan pronto termino de interrogarlo.)

-Oh no tiene porque señor Andrew, me alegra saber que Candy ya no estará sola. No es correcto que un esposo pase mucho tiempo ausente. — Apunto con un dedo acusatorio. Albert trago seco nuevamente. Maddy continúo, susurrando. -Usted sabe, la gente tiende a hablar mucho al saber que una mujer vive sola, especialmente en un pequeño pueblo como este. — Albert más que nadie entendía a lo que ella se refería, los gestos hechos por la dama eran uno muy conocidos por él. Aquella chispa perspicaz en su sonrisa lo hizo revivir ciertas memorias, memorias de un tiempo en un pequeño apartamento, uno donde eran solo Candy y él. (Claro, en ese entonces todos pensaban que eran hermanos.)

Candy no podía dejarla continuar, no antes de darle una explicación a Albert. Instando a Maddy a terminar, Candy preguntó: – Nos vemos mañana entonces?…

Maddy sonrió antes de hablar, el brillo en sus ojos mostraban sus años de experiencia. – No lo creo, ves como el tiempo ha cambiado. — Señaló.- Creo que el invierno este año será uno muy largo. — Había una clara insinuación detrás de sus palabras, pero era algo del que Candy no se percato.

Tan pronto Maddy se marcho, el silencio nuevamente reino.

Candy cerró la puerta detrás de ellos, lamentando su decisión de marcharse sin decirle nada a Albert. Sin duda alguna, había sido la decisión más tonta de su vida. Pero la necesidad había sido clara, la decisión había sido tomada. No había marcha atrás. Respiro una vez más profundamente. Pronto, pronto tendría que dar explicaciones de todo ese malentendido. Porque era simplemente eso: Un malentendido.

=o=o=o=

Albert dejo su mochila a un lado. La habitación era cálida, perfumada con esencia de madera. La dama que lo acompañó finalmente se había retirado. Albert pudo sentir en esos momentos la temperatura bajar algunos centígrados, esperando por una explicación. Explicación que al parecer Candy tenía dificultad de dar.

Respiro hondo. Sus ojos en ella. No quería presionarla, su clara preocupación y ansiedad eran evidentes ante su obvia incomodidad. Sus ojos verdes abiertos de par en par desde el momento en que abrió la puerta, indicándole que su presencia era una que no se había esperado. Eso lo podía entender, ya que ni él mismo había planeado en viajar. Sin embargo, su abrupta desaparición y el hecho de que ni siquiera el director del hospital sabía dónde se encontraba lo preocuparon; una hoja llena solicitando un tiempo de ausencia fue el único documento que recibió.

No podía quedarse de brazos cruzados, después de insistir y usando un poco de su influencia finalmente había dado con la directora del Colegio de enfermeras. Mary Jane. La anciana, quien al parecer era la única persona que sabía de su paradero… lo había interrogado antes de divulgar la información. Sonriendo y dejándolo con miles de preguntas sin formular antes de retirarse. Candy no tenía ni la más mínima idea de la angustia en que lo puso: al grado de sacar sus vestimentas de vagabundo junto a su mochila de un closet ya olvidado. Emprendiendo su camino y dejando asuntos pendientes en las oficinas de Chicago.

Su tía pondría el grito al cielo al saber de su partida.

Pero, en su mente… la relación que existía entre Candy y él era una tan estrecha que algunas veces sobrepasaba la línea que se habían impuesto. Una creada en aquel tiempo cuando compartieron aquel pequeño apartamento. Sin embargo, durante sus viajes: el intercambio de cartas le indicó que algo había cambiado entre ellos. Simplemente él no se atrevía a explorar las posibilidades debido a sus múltiples responsabilidades.

Su abrupta partida había sido el detonante que lo despertará.

Albert desvió su mirada, enfocándose en las llamas que emitía la pequeña chimenea. Dejando que ella organizara sus pensamientos. La idea de tener a Candy como esposa hizo que se estremeciera, entreteniendo por un segundo… pensamientos que eran lejos de un caballero.

=o=o=o=

Candy no sabía cómo comenzar su explicación. Cerro sus ojos por unos segundos dejando salir una bocanada de aire. Después de todo era Albert a quien tenía en frente, tan pronto le explicara lo que sucedió él la entendería ¿cierto?… Sin embargo, la duda existía…tenía miedo de que no la entendiera. Necesitaba un poco de tiempo.

– Albert, debes de estar cansado, deseas tomar un baño antes de tomar algo caliente. — Sugirió, suplicando con sus ojos. Conteniendo la mezcla de emociones que luchaban por dominarla.

Albert asentó. Dejando que ella lo guiara, los dos moviéndose en silencio.

Realmente necesitaba un baño. El haber viajado por varias horas en tren y el haber caminado a campo abierto lo habían dejado en un estado deplorable. Además, era obvio que ella necesitaba tiempo.

Continuara…

Muchas Gracias por leer… :D!

Sakura Blossom in their hearts -Drabble II

Disclaimer: Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pertenecen a la novelista Kyoko Mizuki y/o Toe Animación…Esta historia y sus personajes son diferentes de la versión original del anime o la versión de la manga. Algunas de sus personalidades y características fueron tomadas pero con la variación de mi imaginación.

 

snow

Sakura Blossom in their hearts

Adair, Illinois

El invierno había llegado más temprano de lo normal, el otoño apenas terminaba cuando las temperaturas comenzaron a bajar. Cualquier desafortunado viajero se vería obligado a soportar las altas temperaturas gélidas y los vientos cortantes que azotaban en ese momento. Lamentablemente, Albert era uno de esos desafortunados viajeros, en ese momento él se arrepentía de no haber escuchado el consejo que le había dado George. Pero, nunca se imagino que tendría que caminar más de diez kilómetros a través de campo abierto. Sin embargo, la noticia dada por el director del hospital era una que no podía ignorar. El pequeño poblado que por demás era desolado se encontraba situado muy lejos de la estación del tren. No tuvo otra alternativa. No podía seguir esperando, quedaban pocas horas para que la luz del día desapareciera y la noche prometía ser fría.

Albert cubrio sus orejas y la mitad de su rostro tomando la bufanda blanca que rodeaba su cuello. Aquel frio que azotaba se colaba por sus huesos y sus vestimentas no eran realmente apropiadas para las temperaturas que en esos momentos experimentaba. Dejo caer su mochila deteniendo su paso. A lo lejos, finalmente pudo distinguir los techos del pequeño pueblo, unos que eran muy empinados; no cabía duda que habían sido diseñados para resistir las fuertes nevadas. Múltiples chimeneas brotaban humo mientras pocas personas transitaban por las estrechas calles que la adornaban.

Tenía que admitirlo: el paisaje en realidad era hermoso. Durante su viaje en tren había disfrutado ver los bosques envueltos en la niebla, estaba seguro que en la primavera aquellos lagos que pudo distinguir a lo lejos serian tan transparentes que podrían reflejar las altas y verdes montañas. Suspiro, cerrando sus ojos por un segundo y respirando aquel gélido aire. En su mente nuevamente aparecían un par de esmeraldas.

Candy. Se encontraba confundido con su decisión.

No entendía.

Después de anular su adopción tal y como ella lo había deseado prácticamente desapareció. Sin dudar. Sin mirar atrás. No debió de sorprenderse, él lo había sentido en su abrazo, había sido uno diferente; en el pudo sentir su despedida…Aunque nunca imagino sería una tan repentina.

Habían pasado varias semanas y no había escuchado palabra de ella. Así que decidió darle una sorpresa en su apartamento. Al final, el sorprendido fue él …al enterarse días después de su partida. De no haber sido por su insistencia y por su influencia, nunca hubiera encontrado el lugar donde se encontraba. ¿Por qué no le informó?… ¿Porque deseaba romper el lazo que los unía desde hace tantos años?…

Respiro hondo, comenzando a agilizar su paso. Caminando penosamente el último kilómetro que le quedaba.

=o=o=o=

Candy terminaba de limpiar el lugar que sería temporalmente su hogar cuando comenzó a nevar. Pronto, todo a su alrededor seria prístino y blanco. Satisfecha, se detuvo frente a la chimenea: colocando adicionales pedazos de leña para avivar el fuego. En su mente, revivía aquel abrazo que le dio Albert, uno que sabia nunca olvidaría. Suspiro, pensando en lo infantil que había sido alejarse de esa manera. Sin embargo, los documentos que anulaban su adopción habían sido firmados y ella ya no era más un Andrew.

Necesita alejarse, necesitaba pensar en lo que haría de ahora en adelante.

Desde que Albert había regresado de sus viajes su mundo había cambiado. Sus conversaciones reducidas a meros minutos. Sus encuentros casuales y distantes debido a las obligaciones de casa uno. Pero, ¿que esperaba ella?… Ahora sabía a ciencia cierta que había malinterpretado cada una de sus cartas. Ilusionándose, pensando que Albert guardaba en su corazón los mismos sentimientos que ella. Dejo salir una bocana de aire; el alivio que sentía por haber tenido la suficiente sensatez de no confesar sus sentimientos era sin duda alguna lo único positivo de todo aquello. Su vergüenza y su dolor serían mayores si lo hubiera hecho. Al menos, esta vez… no fue tan torpe y mantuvo silencio. Curvo sus labios, prácticamente podía escuchar en su cabeza el seudónimo que usaba Mary Jane cada vez que se equivocaba.

Mary Jane, tenía que agradecerle su ayuda. Gracias a ella su petición fue aceptada, aunque fueran solo por un par de semanas; semanas que la ayudarían a pensar…semanas que servirían para planear un nuevo comienzo en su vida. Resignada. Decidida. Candy se sentó en la amplia silla comenzando a disfrutar del calor que le ofrecía aquella chimenea, cerrando sus ojos, dejando que el cansancio finalmente la invadiera.

Sin embargo, una hora después… El incesante toque a su puerta la obligó a abrir sus ojos. Perezosamente, Candy estiro sus brazos, levantándose de la silla donde se había quedado dormida. El fuego de la chimenea emanando calor en toda la habitación.

¿Quién podría ser?, se preguntó tan pronto desapareció la niebla en su mente.

Al abrir la puerta, pestañeo varias veces.

– ¿Albert? — Su nombre salió de sus labios en forma de un susurro sintiendo a la vez su garganta secarse.

Los ojos del rubio en ella. A su lado, su acompañante obviamente ignorada notaba el intercambio de miradas. Al principio, había sido un poco escéptica en creerle o no la historia dicha por la pequeña rubia. Pero, el joven que tenía en frente… debía de ser sin duda alguna: su esposo.

Continuara…

Muchas Gracias por leer….

Adair es parte de la Nueva Salem Township. La ciudad es servida por la Ruta de Chicago, Burlington y Quincy ferrocarril construida en 1913 y atraviesa la ciudad. Adair fue presentada en agosto 1870 bajo el nombre de Reedyville; aunque el nombre no ha sido cambiado oficialmente, la ubicación es conocida como Adair ya que ese nombre se le dio a la oficina de correos. Populación: 200 hasta el día de hoy….

"Sakura Blossom in their hearts" – Drabble

Disclaimer: Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pertenecen a la novelista Kyoko Mizuki y/o Toe Animación…Esta historia y sus personajes son diferentes de la versión original del anime o la versión de la manga. Algunas de sus personalidades y características fueron tomadas pero con la variación de mi imaginación.

sakura

El día en que ella le pidió dejar de ser parte de su familia, fue el día en que él finalmente poso sus ojos en ella. Oh, él la había visto antes, él la conocía: La pequeña rubia quien había llorado más veces de lo que pudiera recolectar. La pequeña de ojos verdes que adopto en el seno de su familia a petición de sus sobrinos. Y bueno, porque no reconocerlo: ella le recordaba a su querida Rosemary.

Durante años la observó: crecer, caer, y levantarse. Inclusive le debía mucho, de no haber sido por ella quien sabe a dónde hubiera parado. Sin Memoria. Sin pasado. Pero después de tantos años, después de haberla visto los últimos meses encerrada en su trabajo, después de haber viajado preparándose y avanzando en su carrera como enfermera, quizás intentando olvidar al mismo tiempo aquel joven rebelde: después de todo eso, sus ojos finalmente se centraron en ella.

La manera en que hizo su petición reflejaba desafío, su postura demandaba atención, sus palabras cuidadosamente entregadas a él a quien obviamente aun mantenía en alta estima. Albert levanto una ceja, realizando lo que eso significaría: Toda conexión se perdería.

¿Sorprendido?… Quizás.

Él había visto poco a poco esos pequeños cambios. Sin embargo, había ignorado como esos cambios la habían madurado, moldeándola en la mujer que tenía en frente, mujer que le pedía ser liberada de los compromisos que conllevaban el apellido Andrew. La pequeña llorona no existía, la pequeña que consoló varias veces en sus brazos cuando su corazón se sentía triste había cambiado.

Justo en sus narices.

Albert sabía que tarde o temprano algo así sucedería, solo que nunca imagino seria en un momento como ese. Uno en el que peso de la familia retumbaba por cada rincón de su oficina. Respirando hondo, soltó la pluma que sostenía entre sus dedos, levantándose de su asiento, meditando. No era que no pudiera complacerla, él más que nadie sabía la razón envuelta. Pero, la manera en que sus ojos verdes lo observaban, la manera en que ella mordía su labio inferior escondiendo su obvio despliegue ímpetu, aquella postura tan inusual en su pequeña; lo mantenían sin palabras.

-¿Estás segura? —Preguntó minutos después, rompiendo con aquel estrecho silencio. Su estudio iluminado solo por la tenue luz de la chimenea. A lo lejos se podía escuchar el retumbar de una tormenta que se acercaba. El cielo oscureciéndose dando camino a las pesadas nubes que rodaban desde el este. Las gotas comenzando a tocar el vidrio de las ventanas. Aquello era: el preludio de un invierno, una advertencia de lo que vendría.

Candy deseaba desesperadamente no continuar con esa conversación, había pensado que sería más fácil, Albert sabía que no existía razón alguna para que ella continuara siendo parte de su familia, bueno…una. Él. Pero ya no tenía caso. Respiro hondo conteniendo su nerviosismo. No cambiaria de opinión. No.

-No tiene sentido seguir llevando el apellido Andrew, no cuando no cumplo con ninguna de las reglas impuesta por la tía. — Respondió. Su voz mostraba su resolución.

Albert dio un paso en su dirección, Candy no se movió. Era obvia la tensión.

-Cierto, pero tú nunca lo has hecho. — Rebató. Sus ojos en su inquieta figura, oliendo el sutil aroma femenino que desprendía de ella. Albert sabía que podía hacerla cambiar de opinión, su pequeña solo estaba estresada por todo el alboroto que su tía había formado. Además, ella siempre había sido libre de tomar sus propias decisiones, iba a continuar pero ella no lo dejo.

-Albert, por favor. — Esas simples palabras fueron suficientes para que él no continuara. Albert dejo salir un audible suspiro de pura frustración.

-Sera como desees pequeña, solo recuerda que yo siempre estaré aquí cada vez que me necesites. — Aseguró. Era difícil saber lo que el futuro les depararía.

Candy asentó, dejando que él la envolviera entre sus brazos por última vez. O al menos, eso pensó…

Continuara…

Muchas Gracias por leer…

"Sakura Blossoms in Their Hearts"

“Sakura Blossoms in Their Hearts”

 

Lo sintieron como una larga espera, una que tomó tiempo, una que tuvo paciencia. La barrera y el silencio que existía entre ellos poco a poco fue derribada….

Con cada palabra. Con cada detalle. Con cada acción hecha por los dos…Un sentimiento puro nacía. Su aventura apenas comenzaba, y ahí… en aquel espectáculo, uno que solo la naturaleza les puede ofrecer, los pétalos de cerezos marcaban su comienzo.


El festival que se celebraba cada año en el Japón había terminado, finalmente Candy y Albert tomados de las manos hacían camino a su lugar de estadía. Por dos semanas ellos habían permanecido  en aquel lugar que exudaba simplemente belleza. Albert sonrió al llegar al punto que se había convertido en un lugar especial para los dos: El pasaje de las flores de cerezo en esas dos últimas semanas; se había convertido en el único testigo de sus dulces besos….Aquellos pétalos que caían armoniosamente se balanceaban con la suave brisa, logrando que ellos fueran ajenos al mundo en esos momentos.

“Candy”…. Albert poso sus ojos en ella…. Ella era como una flor de cerezo: Inocente, gentil, única y especial…. Una flor que solo muestra belleza en un mundo en que la belleza es escasa. Candy sonreía… libre y feliz dejando que los pétalos jugaran con sus cabellos….Mientras que Albert… bueno Albert planeaba nuevamente como robarle un beso….

 

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Protected: Albert y Candy…

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