Sakura Blossom in their hearts -Drabble III

Disclaimer: Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pertenecen a la novelista Kyoko Mizuki y/o Toe Animación…Esta historia y sus personajes son diferentes de la versión original del anime o la versión de la manga. Algunas de sus personalidades y características fueron tomadas pero con la variación de mi imaginación.

Sakura Blossom in their hearts

– Candy, es él… ¿verdad?… tu esposo?… — Preguntó emocionada la dama que acompañaba a Albert.

Candy podía escuchar su corazón latiendo fuertemente contra su pecho, cortando cualquiera palabra que pudiera pronunciar. La pregunta apenas se registraba en su mente cuando el pánico la invadió; generando un intenso calor en su cuerpo y haciendo camino hasta cubrir cada una de sus mejillas. Los segundos pasaban y ninguno daba señal de romper prontamente con el silencio. Albert no sabía que decir, y aparentemente ella tampoco: petrificada en su sitio.

Había sido interesante su llegada, recibido con clara descortesía. La manera en que fue observado por los habitantes que transitaban las estrechas calles pasaba a la sospecha. Albert no podía adivinar qué iba a provocar tal reacción en la gente del pueblo, aunque no era algo nuevo. En sus múltiples viajes como vagabundo había experimentado algo similar. Sin embargo, siempre imagino que la causa mayor era su larga barba.

Frunció el ceño.

Tal vez, esta vez… era simplemente que ellos no eran parciales a recibir visitantes. La desconfianza era notoria. El anciano a quien se dirigió primero preguntando por direcciones succionó su pipa profundamente; mirándolo fijamente con curiosidad por un largo momento, antes de que finalmente le indicara la dirección correcta, regresando a leer un periódico que era obviamente viejo.

Al llegar a la pequeña clínica, fue recibido por una dama de cabellos grises y aspecto obviamente alegre. Por primera vez el tono cálido de su sonrisa lo hicieron sentir bienvenido; finalmente alguien le sonría. No obstante, apenas pronuncio su nombre, preguntado por Candy… ella cambio su postura detallándolo con ojos crípticos; sacando minutos después de una gaveta un periódico que era aun más viejo. Apuntando con su dedo la foto donde obviamente aparecían Candy y él. Albert recordaba claramente ese evento; esa noche Candy se mantuvo a su lado: enojando a su tía, y alejando a las múltiples señoritas.

La conversación que provino después, fue una que lo sorprendió.

El fuerte ruido producido por su acompañante lo trajo de vuelta, sus ojos en su pequeña. Recorriendo con su mirada su rostro, su cuello, hasta llegar a su mano izquierda: donde portaba el anillo que le había regalado en su cumpleaños. Albert levanto una ceja, pensando: el anillo en sí… había sido una joya muy querida por su hermana Rosemary, él podía entender lo fácil que sería confundir tal joya por un anillo de matrimonio.

Ahora, la pregunta que cruzaba por su mente era: ¿Porque la dama que lo acompañaba pensaba que él era el esposo de Candy? …

Maddy, al ver que ninguno respondía; había tosido fuertemente, en un gesto poco natural, sacando al par de rubios del trance en el que se encontraban. Para ella, era evidente lo mucho que esos dos se extrañaban. Suspiró.

Lentamente, Candy desvió su mirada; evitando incómodamente unos azul cielo. En esos momentos ella deseaba fervientemente que la tierra se abriera y la tragara entera. ¿Por qué?… ¿Por qué le pasaban esas cosas a ella?… Ahora tendría que dar explicaciones de una situación que se genero fuera de su control.

Se atrevió a mirarlo nuevamente, sabiendo que esperaban por su respuesta. La manera en que Albert la observaba incrementaba su estado de culpabilidad, reduciéndola en tamaño. Respiró hondo, tomando acopio de su postura; sintiendo como si estuviera en el borde de un acantilado: esperando a que el viento la empujara.

– Así es Maddy, él es mi esposo. — Confirmó. Suplicando con sus ojos al mismo tiempo en silencio.

Albert entendió, las explicaciones tendrían que esperar. Era obvio que existía una razón poderosa para que ella afirmara algo de ese tamaño.

– Oh Candy, me alegro por ti querida. — Maddy sonrió casi maternalmente antes de continuar. -Me gustaría quedarme un poco más, pero lamentablemente tengo que regresar. Fue una suerte que tu esposo me encontrara en la clínica. Ya sabes, no me podía retirar sin terminar de ordenar las hierbas que Elliot nos trajo.

Candy asentó, ella entendía. Sabía lo difícil que era para ellos mantener la pequeña clínica, especialmente porque no contaban con ciertos medicamentos. Mary Jane se lo había mencionado.

– Muchas gracias por todo. — Intervino Albert, sonriéndole y agradeciendo por haberlo guiado hacia donde Candy se encontraba. (Tan pronto termino de interrogarlo.)

-Oh no tiene porque señor Andrew, me alegra saber que Candy ya no estará sola. No es correcto que un esposo pase mucho tiempo ausente. — Apunto con un dedo acusatorio. Albert trago seco nuevamente. Maddy continúo, susurrando. -Usted sabe, la gente tiende a hablar mucho al saber que una mujer vive sola, especialmente en un pequeño pueblo como este. — Albert más que nadie entendía a lo que ella se refería, los gestos hechos por la dama eran uno muy conocidos por él. Aquella chispa perspicaz en su sonrisa lo hizo revivir ciertas memorias, memorias de un tiempo en un pequeño apartamento, uno donde eran solo Candy y él. (Claro, en ese entonces todos pensaban que eran hermanos.)

Candy no podía dejarla continuar, no antes de darle una explicación a Albert. Instando a Maddy a terminar, Candy preguntó: – Nos vemos mañana entonces?…

Maddy sonrió antes de hablar, el brillo en sus ojos mostraban sus años de experiencia. – No lo creo, ves como el tiempo ha cambiado. — Señaló.- Creo que el invierno este año será uno muy largo. — Había una clara insinuación detrás de sus palabras, pero era algo del que Candy no se percato.

Tan pronto Maddy se marcho, el silencio nuevamente reino.

Candy cerró la puerta detrás de ellos, lamentando su decisión de marcharse sin decirle nada a Albert. Sin duda alguna, había sido la decisión más tonta de su vida. Pero la necesidad había sido clara, la decisión había sido tomada. No había marcha atrás. Respiro una vez más profundamente. Pronto, pronto tendría que dar explicaciones de todo ese malentendido. Porque era simplemente eso: Un malentendido.

=o=o=o=

Albert dejo su mochila a un lado. La habitación era cálida, perfumada con esencia de madera. La dama que lo acompañó finalmente se había retirado. Albert pudo sentir en esos momentos la temperatura bajar algunos centígrados, esperando por una explicación. Explicación que al parecer Candy tenía dificultad de dar.

Respiro hondo. Sus ojos en ella. No quería presionarla, su clara preocupación y ansiedad eran evidentes ante su obvia incomodidad. Sus ojos verdes abiertos de par en par desde el momento en que abrió la puerta, indicándole que su presencia era una que no se había esperado. Eso lo podía entender, ya que ni él mismo había planeado en viajar. Sin embargo, su abrupta desaparición y el hecho de que ni siquiera el director del hospital sabía dónde se encontraba lo preocuparon; una hoja llena solicitando un tiempo de ausencia fue el único documento que recibió.

No podía quedarse de brazos cruzados, después de insistir y usando un poco de su influencia finalmente había dado con la directora del Colegio de enfermeras. Mary Jane. La anciana, quien al parecer era la única persona que sabía de su paradero… lo había interrogado antes de divulgar la información. Sonriendo y dejándolo con miles de preguntas sin formular antes de retirarse. Candy no tenía ni la más mínima idea de la angustia en que lo puso: al grado de sacar sus vestimentas de vagabundo junto a su mochila de un closet ya olvidado. Emprendiendo su camino y dejando asuntos pendientes en las oficinas de Chicago.

Su tía pondría el grito al cielo al saber de su partida.

Pero, en su mente… la relación que existía entre Candy y él era una tan estrecha que algunas veces sobrepasaba la línea que se habían impuesto. Una creada en aquel tiempo cuando compartieron aquel pequeño apartamento. Sin embargo, durante sus viajes: el intercambio de cartas le indicó que algo había cambiado entre ellos. Simplemente él no se atrevía a explorar las posibilidades debido a sus múltiples responsabilidades.

Su abrupta partida había sido el detonante que lo despertará.

Albert desvió su mirada, enfocándose en las llamas que emitía la pequeña chimenea. Dejando que ella organizara sus pensamientos. La idea de tener a Candy como esposa hizo que se estremeciera, entreteniendo por un segundo… pensamientos que eran lejos de un caballero.

=o=o=o=

Candy no sabía cómo comenzar su explicación. Cerro sus ojos por unos segundos dejando salir una bocanada de aire. Después de todo era Albert a quien tenía en frente, tan pronto le explicara lo que sucedió él la entendería ¿cierto?… Sin embargo, la duda existía…tenía miedo de que no la entendiera. Necesitaba un poco de tiempo.

– Albert, debes de estar cansado, deseas tomar un baño antes de tomar algo caliente. — Sugirió, suplicando con sus ojos. Conteniendo la mezcla de emociones que luchaban por dominarla.

Albert asentó. Dejando que ella lo guiara, los dos moviéndose en silencio.

Realmente necesitaba un baño. El haber viajado por varias horas en tren y el haber caminado a campo abierto lo habían dejado en un estado deplorable. Además, era obvio que ella necesitaba tiempo.

Continuara…

Muchas Gracias por leer… :D!

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