"Sakura Blossom in their hearts" – Drabble

Disclaimer: Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pertenecen a la novelista Kyoko Mizuki y/o Toe Animación…Esta historia y sus personajes son diferentes de la versión original del anime o la versión de la manga. Algunas de sus personalidades y características fueron tomadas pero con la variación de mi imaginación.

sakura

El día en que ella le pidió dejar de ser parte de su familia, fue el día en que él finalmente poso sus ojos en ella. Oh, él la había visto antes, él la conocía: La pequeña rubia quien había llorado más veces de lo que pudiera recolectar. La pequeña de ojos verdes que adopto en el seno de su familia a petición de sus sobrinos. Y bueno, porque no reconocerlo: ella le recordaba a su querida Rosemary.

Durante años la observó: crecer, caer, y levantarse. Inclusive le debía mucho, de no haber sido por ella quien sabe a dónde hubiera parado. Sin Memoria. Sin pasado. Pero después de tantos años, después de haberla visto los últimos meses encerrada en su trabajo, después de haber viajado preparándose y avanzando en su carrera como enfermera, quizás intentando olvidar al mismo tiempo aquel joven rebelde: después de todo eso, sus ojos finalmente se centraron en ella.

La manera en que hizo su petición reflejaba desafío, su postura demandaba atención, sus palabras cuidadosamente entregadas a él a quien obviamente aun mantenía en alta estima. Albert levanto una ceja, realizando lo que eso significaría: Toda conexión se perdería.

¿Sorprendido?… Quizás.

Él había visto poco a poco esos pequeños cambios. Sin embargo, había ignorado como esos cambios la habían madurado, moldeándola en la mujer que tenía en frente, mujer que le pedía ser liberada de los compromisos que conllevaban el apellido Andrew. La pequeña llorona no existía, la pequeña que consoló varias veces en sus brazos cuando su corazón se sentía triste había cambiado.

Justo en sus narices.

Albert sabía que tarde o temprano algo así sucedería, solo que nunca imagino seria en un momento como ese. Uno en el que peso de la familia retumbaba por cada rincón de su oficina. Respirando hondo, soltó la pluma que sostenía entre sus dedos, levantándose de su asiento, meditando. No era que no pudiera complacerla, él más que nadie sabía la razón envuelta. Pero, la manera en que sus ojos verdes lo observaban, la manera en que ella mordía su labio inferior escondiendo su obvio despliegue ímpetu, aquella postura tan inusual en su pequeña; lo mantenían sin palabras.

-¿Estás segura? —Preguntó minutos después, rompiendo con aquel estrecho silencio. Su estudio iluminado solo por la tenue luz de la chimenea. A lo lejos se podía escuchar el retumbar de una tormenta que se acercaba. El cielo oscureciéndose dando camino a las pesadas nubes que rodaban desde el este. Las gotas comenzando a tocar el vidrio de las ventanas. Aquello era: el preludio de un invierno, una advertencia de lo que vendría.

Candy deseaba desesperadamente no continuar con esa conversación, había pensado que sería más fácil, Albert sabía que no existía razón alguna para que ella continuara siendo parte de su familia, bueno…una. Él. Pero ya no tenía caso. Respiro hondo conteniendo su nerviosismo. No cambiaria de opinión. No.

-No tiene sentido seguir llevando el apellido Andrew, no cuando no cumplo con ninguna de las reglas impuesta por la tía. — Respondió. Su voz mostraba su resolución.

Albert dio un paso en su dirección, Candy no se movió. Era obvia la tensión.

-Cierto, pero tú nunca lo has hecho. — Rebató. Sus ojos en su inquieta figura, oliendo el sutil aroma femenino que desprendía de ella. Albert sabía que podía hacerla cambiar de opinión, su pequeña solo estaba estresada por todo el alboroto que su tía había formado. Además, ella siempre había sido libre de tomar sus propias decisiones, iba a continuar pero ella no lo dejo.

-Albert, por favor. — Esas simples palabras fueron suficientes para que él no continuara. Albert dejo salir un audible suspiro de pura frustración.

-Sera como desees pequeña, solo recuerda que yo siempre estaré aquí cada vez que me necesites. — Aseguró. Era difícil saber lo que el futuro les depararía.

Candy asentó, dejando que él la envolviera entre sus brazos por última vez. O al menos, eso pensó…

Continuara…

Muchas Gracias por leer…

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